miércoles, 18 de noviembre de 2009
Nuevas dudas sobre el padrón
“…las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas”
El 19 de julio pasado, en este espacio editorial al referirnos a la manera como comenzaba a encararse e proceso electoral, decíamos que la oposición: “…tiene sólo dos caminos. O se pone a la altura de las circunstancias y aprovecha el poco tiempo que le queda para hacer algo serio, (…) o comienza a buscar pretextos para justificar su fracaso. Es de esperar que opte por lo primero”.
Desgraciadamente, cuatro meses después, debemos lamentar que haya sido el segundo el camino elegido. No otra cosa significa el súbito entusiasmo con que algunos portavoces de la oposición han comenzado a desparramar dudas sobre la calidad y transparencia del padrón biométrico. Después de haberlo alabado desmedidamente, ahora vuelven a dirigir su atención al empedrado para echarle la culpa por sus tropiezos y caídas.
Y no es que falten motivos para poner en duda las cualidades milagrosas que hasta poco se atribuían al famoso padrón biométrico. Por el contrario, ellos abundan. Pero no recién ahora, pues todo lo que los flamantes detractores del padrón biométrico dicen hoy es exactamente lo mismo que podía y debía haber sido dicho con la debida oportunidad.
Haber creído que como por arte de birlibirloque el padrón biométrico resolvería las múltiples deficiencias que más que al antiguo padrón eran y siguen siendo atribuibles a lo corrompido que está el registro civil de nuestro país, fue siempre, y no ahora, un grave error.
Tan erróneo como eso fue sobrestimar las cualidades de los artilugios tecnológicos. “No debe perderse de vista que por modernos y eficientes que sean ese los recursos técnicos empleados para empadronar a la ciudadanía seguirá siendo siempre el factor humano el principal. Las máquinas y los sistemas informáticos son sólo herramientas y los resultados que arroje su aplicación dependen de las intenciones de los operadores”, decíamos en este espacio el 19 de junio pasado.
Insistimos, por eso, en muy numerosas oportunidades, en que “la transparencia y confiabilidad del próximo proceso electoral sigue dependiendo, como antes, de la capacidad que tengan las organizaciones políticas de la oposición de supervisar todo el proceso. “Mientras los partidos políticos no sean capaces de ejercer su derecho y cumplir su obligación de hacerse presentes con sus representantes en todo el territorio nacional para supervisar desde el registro hasta la emisión y cómputo de los votos, de nada habrá valido todo el esfuerzo que se está haciendo para construir un cost oso padrón biométrico”, dijimos.
Hasta ahora, ninguno de los frentes opositores ha cumplido con ese deber fundamental. Ninguno ha designado representantes oficiales y capacitados para supervisar el proceso por lo que ahora, cuando se ven los resultados de su desidia, carecen de la autoridad moral necesaria para hacer reclamo alguno.
Por eso, como ya lo dijimos el 1 de octubre, muy a pesar de que el padrón biométrico no estará libre de gravísimas imperfecciones, “las deficiencias que queden en el camino tendrán que ser objeto de atención ya no en función al 6 de diciembre, sino a un futuro menos condicionado por las urgencias inmediatas”.
martes, 17 de noviembre de 2009
La hora crucial para la oposición
Han surgido algunas propuestas para desbaratar el actual escenario y dar un giro capaz de modificar el curso de los acontecimientos. Que uno de los dos principales candidatos de la oposición decline sus aspiraciones es la principal de ellas
Como si el desasosiego y desaliento que ya hacen estragos en el ánimo de las filas de la oposición no hubieran sido ya suficientes, los resultados de la última encuesta realizada por Equipos Mori para la red Usted Elige han tenido el efecto de un sismo entre los estrategas de las dos principales fórmulas que se enfrentan a la oficialista.
Y no es porque hayan sido sorprendentes. ya había muy abundantes motivos, además de todas las encuestas anteriormente publicadas, para suponer que el MAS se encamina hacia un contundente triunfo y la oposición a una más de las muchas derrotas que ha venido acumulando durante los últimos años.
Se ha llegado a tal punto, que ya nadie se atreve a poner en duda la reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera. Lo que está en juego ya es sólo la remota posibilidad de que la oposición pueda jugar un papel que no sea el de un simple elemento decorativo de la “Asamblea Legislativa Plurinacional”.
Y eso no es poco, pues de que el MAS logre o no los dos tercios a que aspira depende no sólo el ritmo, sino la intensidad con que la “revolución democrática y cultural” continúe avanzando. Si logra su objetivo, una tras otra serán aprobadas las decenas de leyes que ya han sido elaboradas por su batallón de abogados. Y otras decisiones, para las que los dos tercios son imprescindibles, podrían ser tomadas con toda facilidad.
Los candidatos opositores tienen pues sobre sus espaldas una muy grande responsabilidad. Tanto, que es inadmisible que continúen haciendo de sus ambiciones personales, sus frustraciones y resentimientos, su guía principal.
Lo menos que se puede esperar de ellos, a esta altura del proceso, es que se sometan a unas muy severas sesiones de reflexión y autocrítica. Ellos, y sus principales asesores y allegados, tienen ante nuestro país y su futuro un deber que cumplir. Y si no se ponen a la altura del reto se habrán ganado un lugar destacado entre las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea de nuestro país.
Si hay algo que a estas alturas ha quedado claro es que ninguno de los candidatos opositores, por sí solo, está a la altura del momento histórico del que les ha tocado ser protagonistas. No tienen la talla suficiente para constituirse en una opción política viable. Tan obvia realidad los obliga a actuar en consecuencia con humildad y desprendimiento.
Es ya tan escaso el tiempo que queda para el 6 de diciembre que no son muchas las posibilidades de que se produzca un cambio en las tendencias. A pesar de ello, han surgido durante las últimas horas algunas propuestas para desbaratar el actual escenario y dar un giro capaz de modificar el curso de los acontecimientos. Que uno de los dos principales candidatos de la oposición decline sus aspiraciones, de modo que su potencial caudal electoral se concentre en una sola corriente, es la principal de ellas.
La idea no es nueva pero adquiere nuevo impulso ante las urgencias impuestas por las circunstancias. Todo indica que es la única oportunidad que les queda a los representantes de las dos corrientes de la oposición de hacer algo digno de ser valorado.
opos
Como si el desasosiego y desaliento que ya hacen estragos en el ánimo de las filas de la oposición no hubieran sido ya suficientes, los resultados de la última encuesta realizada por Equipos Mori para la red Usted Elige han tenido el efecto de un sismo entre los estrategas de las dos principales fórmulas que se enfrentan a la oficialista.
Y no es porque hayan sido sorprendentes. ya había muy abundantes motivos, además de todas las encuestas anteriormente publicadas, para suponer que el MAS se encamina hacia un contundente triunfo y la oposición a una más de las muchas derrotas que ha venido acumulando durante los últimos años.
Se ha llegado a tal punto, que ya nadie se atreve a poner en duda la reelección de Evo Morales y Álvaro García Linera. Lo que está en juego ya es sólo la remota posibilidad de que la oposición pueda jugar un papel que no sea el de un simple elemento decorativo de la “Asamblea Legislativa Plurinacional”.
Y eso no es poco, pues de que el MAS logre o no los dos tercios a que aspira depende no sólo el ritmo, sino la intensidad con que la “revolución democrática y cultural” continúe avanzando. Si logra su objetivo, una tras otra serán aprobadas las decenas de leyes que ya han sido elaboradas por su batallón de abogados. Y otras decisiones, para las que los dos tercios son imprescindibles, podrían ser tomadas con toda facilidad.
Los candidatos opositores tienen pues sobre sus espaldas una muy grande responsabilidad. Tanto, que es inadmisible que continúen haciendo de sus ambiciones personales, sus frustraciones y resentimientos, su guía principal.
Lo menos que se puede esperar de ellos, a esta altura del proceso, es que se sometan a unas muy severas sesiones de reflexión y autocrítica. Ellos, y sus principales asesores y allegados, tienen ante nuestro país y su futuro un deber que cumplir. Y si no se ponen a la altura del reto se habrán ganado un lugar destacado entre las páginas más vergonzosas de la historia contemporánea de nuestro país.
Si hay algo que a estas alturas ha quedado claro es que ninguno de los candidatos opositores, por sí solo, está a la altura del momento histórico del que les ha tocado ser protagonistas. No tienen la talla suficiente para constituirse en una opción política viable. Tan obvia realidad los obliga a actuar en consecuencia con humildad y desprendimiento.
Es ya tan escaso el tiempo que queda para el 6 de diciembre que no son muchas las posibilidades de que se produzca un cambio en las tendencias. A pesar de ello, han surgido durante las últimas horas algunas propuestas para desbaratar el actual escenario y dar un giro capaz de modificar el curso de los acontecimientos. Que uno de los dos principales candidatos de la oposición decline sus aspiraciones, de modo que su potencial caudal electoral se concentre en una sola corriente, es la principal de ellas.
La idea no es nueva pero adquiere nuevo impulso ante las urgencias impuestas por las circunstancias. Todo indica que es la única oportunidad que les queda a los representantes de las dos corrientes de la oposición de hacer algo digno de ser valorado.
opos
lunes, 16 de noviembre de 2009
Tendencias inalterables
De mantenerse esas tendencias, las elecciones de diciembre no habrán servido sino solamente para reafirmar y consolidar el proyecto político del Movimiento al Socialismo, y para sepultar a los liderazgos de oposición que no han tenido la capacidad de construir alternativas políticas con visión y proyección nacionales
A tan solo tres semanas de las elecciones generales previstas para el próximo 6 de diciembre, es posible afirmar que la campaña electoral que vive actualmente el país es la peor de todos los comicios celebrados en Bolivia en más de veinte años de democracia ininterrumpida.
La ausencia de debates y la trivialidad de los mensajes que se difunden en la propaganda electoral, la ausencia de alternativas políticas sólidas, la incoherencia de la mayoría de los binomios y la improvisación de las formulas y planchas de candidatos, entre otros muchos elementos que resultaría imposible de enumerar, configuran uno de los escenarios electorales más insubstanciales que nos ha tocado vivir en este último tiempo.
El oficialismo tiene muy claras sus metas. Las próximas elecciones generales tienen para el Movimiento Al Socialismo una connotación plebiscitaria, tal y como sucedió con los referendos revocatorio, primero, y constitucional, después. El Gobierno no busca otra cosa más que reafirmarse y fortalecerse para ingresar a la nueva fase de aplicación de su proyecto político: la puesta en vigencia del texto constitucional aprobado en las urnas en enero de este año.
En ese contexto, el principal objetivo del oficialismo es lograr el control de los dos tercios de las cámaras de Diputados y Senadores, y por consiguiente del Congreso.
Las agrupaciones de oposición, en cambio, continúan embarcadas en una carrera electoral sin brújula ni metas claras; una carrera en la que su único propósito parece ser el de disputarse entre sí los votos que no son afines al Gobierno. Tanto Manfred Reyes Villa como Samuel Doria Medina, en ese orden, siguen muy por debajo de Evo Morales en las encuestas de intención de voto. El resto de los candidatos, con la excepción de René Joaquino, apenas aparecen en las preferencias del electorado.
La última encuesta encargada por la red Usted Elige no hace sino demostrar esa tendencia, que es la misma con que se abrió el actual proceso electoral, aunque muestra elementos novedosos que pueden marcar un importante cambio en la configuración del actual mapa político.
Es el caso de los departamentos de Tarija y Beni, en los que el MAS aparece en el primer y segundo lugar, respectivamente; dos tendencias que, de consolidarse a favor del partido gobernante, podrían quebrar el principal eje opositor mejor conocido como la “Media Luna”. Lo que vaya a suceder en Pando, por la pequeña cantidad numérica de su padrón departamental, no dejará de ser una incertidumbre hasta el día de la elección; y en Chuquisaca, según esa misma encuesta, el MAS se afianza en el primer lugar, al igual que en Cochabamba, La Paz, Oruro y Potosí.
Ese reposicionamiento oficialista en el oriente y el sur del país, al que se añade la invulnerabilidad de su principal bastión electoral en occidente (La Paz, Oruro y Potosí), tiende a ampliar la brecha entre Evo Morales y sus rivales políticos.
De mantenerse esas tendencias, las elecciones de diciembre no habrán servido sino solamente para reafirmar y consolidar el proyecto político del Movimiento Al Socialismo, y para sepultar a los liderazgos de oposición que no han tenido la capacidad de construir alternativas políticas con visión y proyección nacionales.
A tan solo tres semanas de las elecciones generales previstas para el próximo 6 de diciembre, es posible afirmar que la campaña electoral que vive actualmente el país es la peor de todos los comicios celebrados en Bolivia en más de veinte años de democracia ininterrumpida.
La ausencia de debates y la trivialidad de los mensajes que se difunden en la propaganda electoral, la ausencia de alternativas políticas sólidas, la incoherencia de la mayoría de los binomios y la improvisación de las formulas y planchas de candidatos, entre otros muchos elementos que resultaría imposible de enumerar, configuran uno de los escenarios electorales más insubstanciales que nos ha tocado vivir en este último tiempo.
El oficialismo tiene muy claras sus metas. Las próximas elecciones generales tienen para el Movimiento Al Socialismo una connotación plebiscitaria, tal y como sucedió con los referendos revocatorio, primero, y constitucional, después. El Gobierno no busca otra cosa más que reafirmarse y fortalecerse para ingresar a la nueva fase de aplicación de su proyecto político: la puesta en vigencia del texto constitucional aprobado en las urnas en enero de este año.
En ese contexto, el principal objetivo del oficialismo es lograr el control de los dos tercios de las cámaras de Diputados y Senadores, y por consiguiente del Congreso.
Las agrupaciones de oposición, en cambio, continúan embarcadas en una carrera electoral sin brújula ni metas claras; una carrera en la que su único propósito parece ser el de disputarse entre sí los votos que no son afines al Gobierno. Tanto Manfred Reyes Villa como Samuel Doria Medina, en ese orden, siguen muy por debajo de Evo Morales en las encuestas de intención de voto. El resto de los candidatos, con la excepción de René Joaquino, apenas aparecen en las preferencias del electorado.
La última encuesta encargada por la red Usted Elige no hace sino demostrar esa tendencia, que es la misma con que se abrió el actual proceso electoral, aunque muestra elementos novedosos que pueden marcar un importante cambio en la configuración del actual mapa político.
Es el caso de los departamentos de Tarija y Beni, en los que el MAS aparece en el primer y segundo lugar, respectivamente; dos tendencias que, de consolidarse a favor del partido gobernante, podrían quebrar el principal eje opositor mejor conocido como la “Media Luna”. Lo que vaya a suceder en Pando, por la pequeña cantidad numérica de su padrón departamental, no dejará de ser una incertidumbre hasta el día de la elección; y en Chuquisaca, según esa misma encuesta, el MAS se afianza en el primer lugar, al igual que en Cochabamba, La Paz, Oruro y Potosí.
Ese reposicionamiento oficialista en el oriente y el sur del país, al que se añade la invulnerabilidad de su principal bastión electoral en occidente (La Paz, Oruro y Potosí), tiende a ampliar la brecha entre Evo Morales y sus rivales políticos.
De mantenerse esas tendencias, las elecciones de diciembre no habrán servido sino solamente para reafirmar y consolidar el proyecto político del Movimiento Al Socialismo, y para sepultar a los liderazgos de oposición que no han tenido la capacidad de construir alternativas políticas con visión y proyección nacionales.
domingo, 15 de noviembre de 2009
La degeneración de la política
Muy revelador es el hecho de que sean las hordas de dos fracciones de la Unión Juvenil Cruceñista las que se hayan liado a golpes y hayan estado a punto de matarse entre sí
A medida que pasan los días, más razones hay para afirmar que el proceso que desembocará en las urnas el próximo 6 de diciembre es el peor de los últimos tiempos. Y probablemente de nuestra historia pues, que se sepa, nunca antes una lid electoral había tenido características tan deplorables como la actual.
El monólogo ideológico es una de ellas. El MAS ha logrado hacerse del control monopólico de las propuestas, los programas y proyectos de país, y no tanto por sus propios méritos cuanto por la inexistencia de un rival capaz de hacerle frente en el terreno de las ideas. No hay quién ponga en duda la solidez y validez de los pilares de la opción oficialista, como el retorno al estatismo, en lo económico, o la transformación radical de la estructura estatal, en lo político.
Ninguno de los candidatos opositores se atreve a opinar siquiera sobre temas como la nacionalización de los hidrocarburos o la nueva Constitución Política del Estado, las dos medidas emblemáticas del MAS. Así, tácitamente las avalan y al hacerlo se atribuyen a sí mismos el papel de decoradores de una obra que, por lo visto, la dan por bien hecha. A juzgar por sus pocas palabras, se diría que no tienen ninguna discrepancia de fondo con el oficialismo y sólo los separan de él aspectos formales y secundarios, como el mal trato que reciben sus candidatos u opiniones sobre la calidad de sus hamburguesas.
Al no tener ideas serias con las que confrontar la propuesta oficialista, y agotado el recurso del victimismo, la oposición parece haber optado por otro más grave en términos psicológicos, que es el autismo. Ese mal consiste en la incapacidad para establecer contacto verbal y afectivo con las personas del propio entorno, y en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor.
Así se explica, por ejemplo, que mientras el MAS se lanza con todos los medios a su alcance a la conquista de las extensas llanuras orientales, los estrategas del Plan Progreso se empecinen en reducir su campo de visión y acción a los estrechísimos límites de la celda donde está recluido uno de sus candidatos. Y mientras monologan sobre sus propias penurias, el camino queda expedito para que la máxima expresión de las pugnas políticas en la Bolivia de hoy –ante la ausencia total de ideas y líderes-- sean enfrentamientos como el del jueves pasado en la principal Universidad de Santa Cruz.
Muy revelador es el hecho de que sean las hordas de dos fracciones de la Unión Juvenil Cruceñista las que se hayan liado a golpes y hayan estado a punto de matarse entre sí. No es casual que quienes hasta hace un año compartían garrotes para apalear “collas e indios” en nombre de la autonomía y la “cruceñidad”, hoy se encuentren en bandos opuestos pero sigan compartiendo los mismos métodos de acción a falta de mejores argumentos.
Unos en su flamante condición de punta de lanza para la penetración masista en Santa Cruz; y otros tratando de defender su último bastión, ambos bandos de jóvenes cruceños –cuarentones la mayor parte de ellos—adquieren la condición de sendos emblemas de la degradación de la política en nuestro país. Unos representan a las nuevas juventudes abanderadas del “cambio”, y otros a los que ya no tienen banderas que defender.
A medida que pasan los días, más razones hay para afirmar que el proceso que desembocará en las urnas el próximo 6 de diciembre es el peor de los últimos tiempos. Y probablemente de nuestra historia pues, que se sepa, nunca antes una lid electoral había tenido características tan deplorables como la actual.
El monólogo ideológico es una de ellas. El MAS ha logrado hacerse del control monopólico de las propuestas, los programas y proyectos de país, y no tanto por sus propios méritos cuanto por la inexistencia de un rival capaz de hacerle frente en el terreno de las ideas. No hay quién ponga en duda la solidez y validez de los pilares de la opción oficialista, como el retorno al estatismo, en lo económico, o la transformación radical de la estructura estatal, en lo político.
Ninguno de los candidatos opositores se atreve a opinar siquiera sobre temas como la nacionalización de los hidrocarburos o la nueva Constitución Política del Estado, las dos medidas emblemáticas del MAS. Así, tácitamente las avalan y al hacerlo se atribuyen a sí mismos el papel de decoradores de una obra que, por lo visto, la dan por bien hecha. A juzgar por sus pocas palabras, se diría que no tienen ninguna discrepancia de fondo con el oficialismo y sólo los separan de él aspectos formales y secundarios, como el mal trato que reciben sus candidatos u opiniones sobre la calidad de sus hamburguesas.
Al no tener ideas serias con las que confrontar la propuesta oficialista, y agotado el recurso del victimismo, la oposición parece haber optado por otro más grave en términos psicológicos, que es el autismo. Ese mal consiste en la incapacidad para establecer contacto verbal y afectivo con las personas del propio entorno, y en referir a la propia persona todo cuanto acontece a su alrededor.
Así se explica, por ejemplo, que mientras el MAS se lanza con todos los medios a su alcance a la conquista de las extensas llanuras orientales, los estrategas del Plan Progreso se empecinen en reducir su campo de visión y acción a los estrechísimos límites de la celda donde está recluido uno de sus candidatos. Y mientras monologan sobre sus propias penurias, el camino queda expedito para que la máxima expresión de las pugnas políticas en la Bolivia de hoy –ante la ausencia total de ideas y líderes-- sean enfrentamientos como el del jueves pasado en la principal Universidad de Santa Cruz.
Muy revelador es el hecho de que sean las hordas de dos fracciones de la Unión Juvenil Cruceñista las que se hayan liado a golpes y hayan estado a punto de matarse entre sí. No es casual que quienes hasta hace un año compartían garrotes para apalear “collas e indios” en nombre de la autonomía y la “cruceñidad”, hoy se encuentren en bandos opuestos pero sigan compartiendo los mismos métodos de acción a falta de mejores argumentos.
Unos en su flamante condición de punta de lanza para la penetración masista en Santa Cruz; y otros tratando de defender su último bastión, ambos bandos de jóvenes cruceños –cuarentones la mayor parte de ellos—adquieren la condición de sendos emblemas de la degradación de la política en nuestro país. Unos representan a las nuevas juventudes abanderadas del “cambio”, y otros a los que ya no tienen banderas que defender.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Bolivia y la “guerra continental” de Chávez
Así como ya nadie subestima a Ahmadinejad o a Kim Jong-Il, parece haber llegado la hora de tomar en serio a quienes en esta parte del mundo cada vez con más desparpajo dejan traslucir sus intenciones
Coincidiendo con el escándalo mundial que desató Hugo Chávez al haberse dejado llevar por sus pulsiones bélicas en un programa televisivo, donde hizo explícitas sus intenciones --aunque luego fútilmente trató de matizarlas-- se ha publicado el pasado jueves, en La Nación de Buenos Aires, un extenso reportaje del periodista Marco Aguinis que contribuye mucho a aclarar lo que el caudillo venezolano tiene en mente cuando habla de una “guerra continental”.
“Se acercan las FARC”, titula el artículo en el que el autor ofrece abundantes elementos de juicio sobre la magnitud de un peligro que se cierne sobre nuestro continente, en general, y sobre Bolivia en particular. Se trata de la intensa actividad que socapadas por el régimen venezolano, y también por el boliviano, estarían desarrollando las Fuerzas Armadas de Colombia con el propósito de crear las condiciones de una ofensiva guerrillera que, como en los años 60, tenga a nuestro país como su principal foco de irradiación.
A diferencia del movimiento guerrillero encabezado por el Che Guevara, el principal sostén de este proyecto bélico no sería Cuba, país que ha perdido su condición de líder del “internacionalismo proletario”, sino Venezuela. Y Bolivia, en circunstancias totalmente diferentes, vuelve a ser el escenario escogido para la ejecución de la fase inicial del proyecto, sólo que esta vez no a espaldas y en contra del gobierno establecido, sino con su total aquiescencia y apoyo.
La investigación de Aguinis está plenamente respaldada por una abundante cantidad de elementos que le dan plena verosimilitud. Pero ninguno de ellos es tan sólido como la manera más o menos velada en algunos casos, y explícita en otros, como Hugo Chávez deja entrever los extremos a los que está dispuesto a llegar para consolidarse en el poder y dar dimensión continental a sus desvaríos mesiánicos y a su quimérico “Socialismo del Silo XXI”.
Los motivos para temer que el gobierno de nuestro país no es ajeno a esos propósitos los dan también sus principales líderes. La propuesta hecha por Evo Morales para crear unas “Fuerzas Armadas” del Alba, o las de Álvaro García Linera para que nuestro país y nuestro continente se prepare para una guerra que ven avecinarse, son sólo las más recientes y claras, pero no las únicas.
El tipo de guerra en el que piensan está ampliamente explicado por los estrategas militares “bolivarianos”. “Guerra asimétrica” es el concepto que utilizan para referirse a una guerra muy distinta a la convencional. Una guerra en la que los métodos, las armas y los combatientes no son los regulares.
Tan importante como lo anterior es la red de alianzas internacionales que desde hace tiempo se está tejiendo con miras a desencadenar “uno, dos, tres, muchos Vietnam”. Los estrechos vínculos entre el régimen de Caracas y el de Teherán, que también son secundados por el gobierno del MAS, así como con organizaciones islámicas como Hamas o Hizbollah, son piezas fundamentales del esquema.
En ese contexto, resulta evidente que no hay porqué tomar a la ligera los arranques belicosos de Chávez ni las arengas con que lo secundan los mandatarios bolivianos. Así como ya nadie subestima a Ahmadinejad o a Kim Jong-Il, parece haber llegado la hora de tomar en serio a quienes en esta parte del mundo cada vez con más desparpajo dejan traslucir sus intenciones.
Coincidiendo con el escándalo mundial que desató Hugo Chávez al haberse dejado llevar por sus pulsiones bélicas en un programa televisivo, donde hizo explícitas sus intenciones --aunque luego fútilmente trató de matizarlas-- se ha publicado el pasado jueves, en La Nación de Buenos Aires, un extenso reportaje del periodista Marco Aguinis que contribuye mucho a aclarar lo que el caudillo venezolano tiene en mente cuando habla de una “guerra continental”.
“Se acercan las FARC”, titula el artículo en el que el autor ofrece abundantes elementos de juicio sobre la magnitud de un peligro que se cierne sobre nuestro continente, en general, y sobre Bolivia en particular. Se trata de la intensa actividad que socapadas por el régimen venezolano, y también por el boliviano, estarían desarrollando las Fuerzas Armadas de Colombia con el propósito de crear las condiciones de una ofensiva guerrillera que, como en los años 60, tenga a nuestro país como su principal foco de irradiación.
A diferencia del movimiento guerrillero encabezado por el Che Guevara, el principal sostén de este proyecto bélico no sería Cuba, país que ha perdido su condición de líder del “internacionalismo proletario”, sino Venezuela. Y Bolivia, en circunstancias totalmente diferentes, vuelve a ser el escenario escogido para la ejecución de la fase inicial del proyecto, sólo que esta vez no a espaldas y en contra del gobierno establecido, sino con su total aquiescencia y apoyo.
La investigación de Aguinis está plenamente respaldada por una abundante cantidad de elementos que le dan plena verosimilitud. Pero ninguno de ellos es tan sólido como la manera más o menos velada en algunos casos, y explícita en otros, como Hugo Chávez deja entrever los extremos a los que está dispuesto a llegar para consolidarse en el poder y dar dimensión continental a sus desvaríos mesiánicos y a su quimérico “Socialismo del Silo XXI”.
Los motivos para temer que el gobierno de nuestro país no es ajeno a esos propósitos los dan también sus principales líderes. La propuesta hecha por Evo Morales para crear unas “Fuerzas Armadas” del Alba, o las de Álvaro García Linera para que nuestro país y nuestro continente se prepare para una guerra que ven avecinarse, son sólo las más recientes y claras, pero no las únicas.
El tipo de guerra en el que piensan está ampliamente explicado por los estrategas militares “bolivarianos”. “Guerra asimétrica” es el concepto que utilizan para referirse a una guerra muy distinta a la convencional. Una guerra en la que los métodos, las armas y los combatientes no son los regulares.
Tan importante como lo anterior es la red de alianzas internacionales que desde hace tiempo se está tejiendo con miras a desencadenar “uno, dos, tres, muchos Vietnam”. Los estrechos vínculos entre el régimen de Caracas y el de Teherán, que también son secundados por el gobierno del MAS, así como con organizaciones islámicas como Hamas o Hizbollah, son piezas fundamentales del esquema.
En ese contexto, resulta evidente que no hay porqué tomar a la ligera los arranques belicosos de Chávez ni las arengas con que lo secundan los mandatarios bolivianos. Así como ya nadie subestima a Ahmadinejad o a Kim Jong-Il, parece haber llegado la hora de tomar en serio a quienes en esta parte del mundo cada vez con más desparpajo dejan traslucir sus intenciones.
viernes, 13 de noviembre de 2009
La corrupción en la agenda mundial
¿Cuál es la posición boliviana? No se sabe pues éste, como otros temas importantes, ha sido relegado en nuestro país por la más pueril de las coyunturas preelectorales de que se tenga memoria.
Sin haber recibido la atención que merece, lo que es en sí mismo un síntoma de lo distorsionada que está la escala de valores en el mundo actual, hoy concluye en Doha, la capital de Qatar, la tercera conferencia de los Estados miembros de la Convención de la ONU contra la corrupción (UNCAC), luego de cinco días de arduos debates.
La Convención de la ONU contra la Corrupción, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 31 de octubre del 2003 y que entró en vigor a partir del 14 de diciembre del 2005, es el primer instrumento internacional legalmente obligatorio contra la corrupción. Su razón de ser consiste en crear y fortalecer mecanismos de seguimiento que permitan apoyar y comprobar el avance de los países en la lucha contra la corrupción.
La ONU decidió poner el tema en un lugar privilegiado en su agenda de prioridades porque, según diversos estudios, la corrupción se ha convertido en uno de los principales problemas del mundo actual. Tanto, que se calcula que los desvíos ilícitos de recursos públicos cuesta a las naciones en desarrollo unos 20.000 a 40.000 millones de dólares cada año. Y en la otra cara de medalla, es uno de los principales motores de los grandes centros financieros del mundo que se están convirtiendo en refugios de activos robados.
Como suele ocurrir en convenciones como la que concluye hoy, ésta fue precedida por grandes expectativas. Se esperaba que los países miembros logren acuerdos que permitan adoptar políticas para conjurar mediante un esfuerzo común uno de los grandes males del mundo actual. Pero una vez más, la frustración parece ser el principal resultado.
Es que son tan grandes los intereses económicos y políticos en juego, que aunque parezca obvia la necesidad y conveniencia de un esfuerzo común, las discrepancias resultan mayores que las coincidencias. En este caso, son tres las principales corrientes en las que está dividida la comunidad internacional.
Por una parte, están los países que promueven con energía la aprobación urgente e inmediata de un mecanismo eficaz, incluyente y transparente. En este grupo se encuentran, entre otros, Noruega, Finlandia, Brasil, Estados Unidos, Uruguay y Chile. Esta posición es compartida y respaldada por la Coalición de Sociedad Civil en la Uncac.
Contra ese bloque se enfrenta un segundo grupo de países que no están de acuerdo con las fórmulas propuestas por los primeros por considerar que atentan contra la soberanía nacional y ven en ellos el peligro de una intromisión en políticas internas. Un segundo argumento de ellos es que el asunto sólo debe ser competencia de los gobiernos y no incluir a la sociedad civil. Esta posición es encabezada por Rusia, China, Irán, Venezuela.
El tercer bloque, del que en última instancia depende cuál de las posiciones prevalezca, está conformado por países que hasta ayer se mostraban indecisos. Ellos aceptan un mecanismo de seguimiento, pero advierten que hay que seguir discutiendo algunos temas que requieren aclararse. Defienden un mecanismo más suave, progresivo, sin urgencias. Otros en este tercer grupo argumentan que es mejor que el mecanismo se concentre en la prevención y no en sanción y persecución.
¿Cuál es la posición boliviana? No se sabe pues éste, como otros temas importantes, ha sido relegado en nuestro país por la más pueril de las coyunturas preelectorales de que se tenga memoria.
Sin haber recibido la atención que merece, lo que es en sí mismo un síntoma de lo distorsionada que está la escala de valores en el mundo actual, hoy concluye en Doha, la capital de Qatar, la tercera conferencia de los Estados miembros de la Convención de la ONU contra la corrupción (UNCAC), luego de cinco días de arduos debates.
La Convención de la ONU contra la Corrupción, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 31 de octubre del 2003 y que entró en vigor a partir del 14 de diciembre del 2005, es el primer instrumento internacional legalmente obligatorio contra la corrupción. Su razón de ser consiste en crear y fortalecer mecanismos de seguimiento que permitan apoyar y comprobar el avance de los países en la lucha contra la corrupción.
La ONU decidió poner el tema en un lugar privilegiado en su agenda de prioridades porque, según diversos estudios, la corrupción se ha convertido en uno de los principales problemas del mundo actual. Tanto, que se calcula que los desvíos ilícitos de recursos públicos cuesta a las naciones en desarrollo unos 20.000 a 40.000 millones de dólares cada año. Y en la otra cara de medalla, es uno de los principales motores de los grandes centros financieros del mundo que se están convirtiendo en refugios de activos robados.
Como suele ocurrir en convenciones como la que concluye hoy, ésta fue precedida por grandes expectativas. Se esperaba que los países miembros logren acuerdos que permitan adoptar políticas para conjurar mediante un esfuerzo común uno de los grandes males del mundo actual. Pero una vez más, la frustración parece ser el principal resultado.
Es que son tan grandes los intereses económicos y políticos en juego, que aunque parezca obvia la necesidad y conveniencia de un esfuerzo común, las discrepancias resultan mayores que las coincidencias. En este caso, son tres las principales corrientes en las que está dividida la comunidad internacional.
Por una parte, están los países que promueven con energía la aprobación urgente e inmediata de un mecanismo eficaz, incluyente y transparente. En este grupo se encuentran, entre otros, Noruega, Finlandia, Brasil, Estados Unidos, Uruguay y Chile. Esta posición es compartida y respaldada por la Coalición de Sociedad Civil en la Uncac.
Contra ese bloque se enfrenta un segundo grupo de países que no están de acuerdo con las fórmulas propuestas por los primeros por considerar que atentan contra la soberanía nacional y ven en ellos el peligro de una intromisión en políticas internas. Un segundo argumento de ellos es que el asunto sólo debe ser competencia de los gobiernos y no incluir a la sociedad civil. Esta posición es encabezada por Rusia, China, Irán, Venezuela.
El tercer bloque, del que en última instancia depende cuál de las posiciones prevalezca, está conformado por países que hasta ayer se mostraban indecisos. Ellos aceptan un mecanismo de seguimiento, pero advierten que hay que seguir discutiendo algunos temas que requieren aclararse. Defienden un mecanismo más suave, progresivo, sin urgencias. Otros en este tercer grupo argumentan que es mejor que el mecanismo se concentre en la prevención y no en sanción y persecución.
¿Cuál es la posición boliviana? No se sabe pues éste, como otros temas importantes, ha sido relegado en nuestro país por la más pueril de las coyunturas preelectorales de que se tenga memoria.
jueves, 12 de noviembre de 2009
Bolivia, entre los países menos transparentes
Son alarmantes pero no sorprendentes los resultados del estudio. No podía esperarse otro resultado de un modelo de gestión gubernamental que no admite fiscalización alguna
Bolivia, una vez más, ha sido noticia durante las últimas horas por figurar en un lugar muy poco decoroso en otro de los muchos estudios que periódicamente se realizan para evaluar diferentes aspectos relativos a la situación de los países de nuestra región.
En este caso, se trata del Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria de 2009 que analiza a doce países de la región. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela fueron los países sometidos a la evaluación.
El estudio, que realiza cada dos años, es coordinado por el Centro de Análisis e Investigación mexicano, Fundar y elaborado por 17 organizaciones civiles y 12 académicos de la región. El objetivo es evaluar el grado de cumplimiento de las normas que rigen los presupuestos gubernamentales, y la disponibilidad y garantías de acceso a la información sobre los ingresos y gastos del sector público, entre otras cosas.
Según los datos del estudio, nuestro país, que fue calificado con 42 puntos sobre 100, es con Venezuela (23) y Ecuador (43) uno de los tres con peor desempeño a la hora de facilitar información sobre cómo se desarrolla el proceso presupuestario en la gestión pública.
Que Venezuela sea la máxima expresión de la opacidad en el manejo de las cuentas fiscales no es algo que deba sorprender. Como es bien sabido, una de las principales características del régimen chavista consiste precisamente en la absoluta y total discrecionalidad con que los jerarcas del régimen administran los ingentes recursos que les provee la exportación de petróleo. Se trata de un país en el que prácticamente todo el presupuesto estatal se administra como si de “gastos reservados” se tratara, por lo que es natural que figure en el último lugar del “Índice de Transparencia Latinoamericano”. Claro que no hay modo de comparar con Cuba, donde la situación es sin duda aún peor.
No es tampoco casual que Bolivia y Ecuador, los otros dos países estudiados en los que campea el populismo y avanza a grandes pasos el proceso de destrucción de las instituciones fiscalizadoras, sigan tan de cerca de Venezuela. Ese, que es uno de los rasgos característicos0 principales del “proceso de cambio”, no podía dar otros resultados.
Según indica el informe que comentamos, el factor que más negativamente incidió en la evaluación de Bolivia fue el conjunto de irregularidades en el proceso de contratación de servicios en YPFB. Además de ello, las tres variables en las que la calificación fue más negativa fueron “Participación ciudadana en el presupuesto”, “Evaluación del control interno” y “Oportunidad en la información”
Llama la atención que en el informe no haya ninguna mención a uno de los aspectos más cuestionables de la actual gestión gubernamental, que es la relativa a la manera como se administran enormes sumas provenientes de la “cooperación venezolana”, cuyo monto ni siquiera se conoce con precisión pero se sabe que asciende a varios millones de dólares. Esos montos ni siquiera figuran en el Presupuesto General de la Nación”, y son manejados sin el más mínimo control. Se trata de verdaderos “gastos reservados” que han sido objeto de múltiples denuncias de corrupción.
Bolivia, una vez más, ha sido noticia durante las últimas horas por figurar en un lugar muy poco decoroso en otro de los muchos estudios que periódicamente se realizan para evaluar diferentes aspectos relativos a la situación de los países de nuestra región.
En este caso, se trata del Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria de 2009 que analiza a doce países de la región. Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela fueron los países sometidos a la evaluación.
El estudio, que realiza cada dos años, es coordinado por el Centro de Análisis e Investigación mexicano, Fundar y elaborado por 17 organizaciones civiles y 12 académicos de la región. El objetivo es evaluar el grado de cumplimiento de las normas que rigen los presupuestos gubernamentales, y la disponibilidad y garantías de acceso a la información sobre los ingresos y gastos del sector público, entre otras cosas.
Según los datos del estudio, nuestro país, que fue calificado con 42 puntos sobre 100, es con Venezuela (23) y Ecuador (43) uno de los tres con peor desempeño a la hora de facilitar información sobre cómo se desarrolla el proceso presupuestario en la gestión pública.
Que Venezuela sea la máxima expresión de la opacidad en el manejo de las cuentas fiscales no es algo que deba sorprender. Como es bien sabido, una de las principales características del régimen chavista consiste precisamente en la absoluta y total discrecionalidad con que los jerarcas del régimen administran los ingentes recursos que les provee la exportación de petróleo. Se trata de un país en el que prácticamente todo el presupuesto estatal se administra como si de “gastos reservados” se tratara, por lo que es natural que figure en el último lugar del “Índice de Transparencia Latinoamericano”. Claro que no hay modo de comparar con Cuba, donde la situación es sin duda aún peor.
No es tampoco casual que Bolivia y Ecuador, los otros dos países estudiados en los que campea el populismo y avanza a grandes pasos el proceso de destrucción de las instituciones fiscalizadoras, sigan tan de cerca de Venezuela. Ese, que es uno de los rasgos característicos0 principales del “proceso de cambio”, no podía dar otros resultados.
Según indica el informe que comentamos, el factor que más negativamente incidió en la evaluación de Bolivia fue el conjunto de irregularidades en el proceso de contratación de servicios en YPFB. Además de ello, las tres variables en las que la calificación fue más negativa fueron “Participación ciudadana en el presupuesto”, “Evaluación del control interno” y “Oportunidad en la información”
Llama la atención que en el informe no haya ninguna mención a uno de los aspectos más cuestionables de la actual gestión gubernamental, que es la relativa a la manera como se administran enormes sumas provenientes de la “cooperación venezolana”, cuyo monto ni siquiera se conoce con precisión pero se sabe que asciende a varios millones de dólares. Esos montos ni siquiera figuran en el Presupuesto General de la Nación”, y son manejados sin el más mínimo control. Se trata de verdaderos “gastos reservados” que han sido objeto de múltiples denuncias de corrupción.
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